El eurodiputado de Vox propone reconocer las pretensiones de Marruecos sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat respete la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.
Recientemente, este medio publicó un artículo sobre la encrucijada geopolítica de Vox y la difícil posición en la que se encuentra por su estrecha alineación con Estados Unidos e Israel, dos países aliados de Marruecos, precisamente el Estado que mantiene reivindicaciones territoriales sobre Ceuta y Melilla.
A esta contradicción se suma la posición adoptada por otro aliado internacional de Vox. El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, que en enero firmó la Carta de Madrid y se incorporó a la alianza internacional impulsada por Vox, ha sido el último de sus aliados en alinearse con las pretensiones de Rabat, reconociendo recientemente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Y ahora parece haberle llegado el turno al propio Vox, o al menos a una de sus figuras más relevantes: Hermann Tertsch.
El eurodiputado del partido desde hace más de siete años y una de sus figuras más destacadas en política internacional ha propuesto que España reconozca las pretensiones marroquíes sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat reconozca definitivamente la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.
No hablamos de un territorio ajeno a nuestra historia. El Sáhara Occidental permaneció bajo administración española hasta 1976. En octubre de 1975, el Tribunal Internacional de Justicia concluyó que los vínculos históricos alegados por Marruecos y Mauritania no suponían soberanía territorial sobre el territorio ni anulaban el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui.
Tras la retirada española, la entrada de fuerzas marroquíes y mauritanas y el conflicto armado con el Frente Polisario, movimiento partidario de la independencia del Sáhara Occidental, provocaron la huida de decenas de miles de saharauis, principalmente hacia Argelia. Mauritania renunció a sus reivindicaciones territoriales en 1979 y Marruecos extendió entonces su control hasta terminar dominando la mayor parte del Sáhara Occidental. Durante las décadas posteriores, decenas de miles de ciudadanos marroquíes se asentaron en las zonas controladas por Rabat, favorecidos también por incentivos estatales. Mientras tanto, organizaciones internacionales han documentado discriminación y represión contra saharauis, especialmente contra activistas que defienden la autodeterminación, incluyendo restricciones a la libertad de expresión, reunión y asociación. Al mismo tiempo, una parte importante del pueblo saharaui y sus descendientes continúa viviendo lejos de su tierra en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia.
La propuesta de Tertsch supone aceptar una de las aspiraciones territoriales de Marruecos y, al mismo tiempo, reforzar su posición territorial, económica y geopolítica en la región. El Sáhara Occidental cuenta con importantes recursos naturales, entre ellos grandes reservas de fosfatos, ricos caladeros pesqueros y un considerable potencial energético. Reconocer la soberanía marroquí sobre el territorio significaría, por tanto, fortalecer a una potencia vecina que mantiene reivindicaciones sobre territorios españoles y cuya fiabilidad como socio ha sido cuestionada por el propio Vox.
Y existe otra cuestión que no debería olvidarse: Canarias. España y Marruecos mantienen pendiente la delimitación de determinados espacios marítimos situados entre la costa africana y el archipiélago. En 2020, Marruecos aprobó dos leyes para delimitar sus espacios marítimos, una decisión unilateral que provocó el rechazo del Gobierno de Canarias ante la posibilidad de que afectase a aguas sobre las que España reivindica derechos. El Sáhara Occidental resulta especialmente relevante en esta disputa, ya que utilizar su costa para proyectar los espacios marítimos reclamados por Marruecos podría afectar directamente a la delimitación frente a Canarias.
Por el momento, ni Santiago Abascal ni la dirección de Vox han desautorizado públicamente las palabras de su eurodiputado. Un silencio especialmente significativo después de que el propio Abascal afirmara recientemente que «Marruecos no es el enemigo», posición que también expresó el diputado provincial de Vox Pedro Varela de Sagarra durante una entrevista concedida a El Enclave, en la que definió al reino alauí como un «vecino complicado».
La cuestión es inevitable: ¿qué clase de valores patrióticos pretende vender Vox cuando una de sus principales figuras propone ceder ante las pretensiones territoriales de Marruecos sin que exista necesidad alguna de hacerlo, pues no cabe ninguna duda de que Ceuta y Melilla son españolas? Y, además, ¿qué ocurriría con Canarias y sus aguas si España contribuyera a consolidar definitivamente el control marroquí sobre el Sáhara Occidental?
Mientras Vox no aclare su posición y mantenga su alineamiento con dirigentes y potencias internacionales que respaldan las pretensiones de Marruecos, el partido de Abascal no ofrece garantías de que vaya a anteponer la integridad territorial y los intereses estratégicos de España a los de sus aliados internacionales.